lunes, 2 de octubre de 2017

Nelson Garrido. In-macula-das

Considerado uno de los fotógrafos más connotados del país, Nelson Garrido (Caracas, 1952) desarrolla su trabajo en diálogo con diferentes medios y soportes; del diseño a la escenografía teatral, de los retablos a la instalación y los impresos. 
Tal postura ha generado controversias estéticas y gremiales, como la acaecida en 1991 cuando se le otorgó el Premio Nacional de Artes Plásticas, una distinción que algunos consideraban exclusivamente para "artistas plásticos" (pintores, escultores, dibujantes) y no para fotógrafos. Lo cierto es que el trabajo de Garrido ha cruzado diversas  fronteras disciplinares sin desviar, en cada caso, sus principales motivaciones artísticas, centradas en un enfoque irreverente de las nociones de erotismo, religión, muerte y violencia, con base en el arte sacro, la cultura popular y la historia del arte.

En realidad, Garrido más que un fotógrafo es un imaginero “posdisciplinar”, un artífice cuyo accionar es muy similar al del tallista popular, los pintores de íconos y la gente devota cuando recrean personajes, escenas y narrativas basadas en las imágenes. “Mi función social como individuo –escribe- es ser un hacedor de imágenes. Es hacer una iconografía de una época”. En ese mismo orden de ideas puntualiza: “La imagen es una totalidad de hechos visibles (…); el hombre fundamentalmente es un hacedor de imágenes. Lamentablemente, la sociedad contemporánea ha ido propiciando el fraccionamiento del concepto imagen.  No se se asume que la escultura, la pintura, la cerámica, la fotografía, son un mismo hecho de imagen (…)”[1]

La cámara es solo un medio de fijación iconográfica, que en su caso recoge alteraciones críticas  que cuestionan los estereotipos religiosos. Su serie de In-macula-das (2016), compuesta por más de 40 maculaturas impresas sobre papel de 48 x 66 cm, enlaza varias de sus inquietudes creativas. 

La relación de Garrido con el mundo editorial es prolongada y estrecha. Además  de realizar fotografías para revistas, libros, portadas de disco, cine y publicidad, ha utilizado  postales y multígrafo para difundir su obra, apelando a la reproducción masiva y su capacidad de evadir el limitado alcance de los aparatos de exhibición tradicionales y las reservas de los sectores de opinión conservadores. Impartió clases en el Instituto de Diseño Neumann y trabajó en el taller de Carlos Cruz-Diez  quien también ejerció como diseñador. Esta cercanía con el mundo gráfico, sus procesos y posibilidades lo ha mantenido atento al recorrido de las imágenes (de la construcción de la escena al registro, de la foto a la diagramación, del arte final a la imprenta) que en definitiva constituyen su centro de atención.


En su caso, la reproductividad es una herramienta que permite sortear con éxito las prescripciones litúrgicas  y las convenciones expositivas. La imagen masiva puede ser una postal, una fotocopia o un afiche y puede colocarse en un álbum, en una billetera, entre las páginas de un libro o en un muro callejero. Cualquiera puede tenerlas. Y es que en Garrido, el hecho estético se produce en el acto de circulación y no solo en los productos que muy celosamente albergan recintos de la fe y el arte. 

Sus maculaturas in-macula-das (valga la contradicción) son una consecuencia de ese ir y venir de las imágenes, esa continua profanación del ícono en su recorrido intermedial[2] a través de diversos procedimientos y soportes. Llegan -al fin-  las imágenes a esa suerte de Purgatorio, regentado por los "arcángeles" de Gutenberg que han de cumplir la faena de seleccionar lo que se ha de reproducir y lo que no cumple los estándares previstos. Garrido opta por recuperar lo ya desechado, encontrando en ello otras fugas de la imagen, más allá de su pretensión de origen. Y allí, en el error, la imperfección y la incongruencia, fuera de un propósito específico, radica la "inmaculada impureza" de su significado.

Al igual que Garrido, otros artistas han trabajado con desechos impresos, apropiándose de los residuos propios o ajenos, ya sea para aprovecharlos tal cual o para modificarlos. Gego en sus Tejeduras (1988-1992), Claudio Perna en sus Maculaturas (1975) y más recientemente Javier Rodríguez en sus intervenciones sobre la prensa escrita incluidas en la exposición “Doble discurso” (La Caja, Centro Cultural Chacao, Caracas, 2012) y Juan Toro con las pruebas de su libro "Expedientes" (Ediciones B, Caracas, 2015).


En el caso de Garrido, recuperar las maculaturas del libro antológico sobre su obra, editado por La Cueva. Casa Editorial en diciembre 2016  significa potenciar el cruce fortuito de las imágenes, convertir las pruebas de impresión en una extensión de su laboratorio creativo, tratar el accidente como un desenlace significativo donde el lenguaje visual encuentra otra forma de pertinencia. 

Sus “Inmaculadas” nos recuerdan que las imágenes nunca aparecen solas[3] aunque surjan de una pulsión singular. Deben compartir su  exclusividad con un torrente iconográfico variado, añadir su impronta a las demás, sufrir distorsiones inesperadas y resignarse a su eventual desaparición. Garrido afronta está promiscuidad de manera irónica y entusiasta,
aprovechando la yuxtaposición espontánea de algunas de sus obras más emblemáticas con toda clase materiales impresos: publicidad, arte, historia, autoayuda. El Cochino levitando (1986) y el Ternero de la vaca Mariposa (1992) con el busto de Simón Bolívar, Rintintín después del ataque comanche (1983) con un recetario de cocina, Trilogía marina (1988) con pimentones, aguacate y berenjena, la Autocrucifixión (1992-1993) con publicidad, el El mito andrógino o el hombre bola (2016) con tragos de ginebra, paños absorbentes y legumbres, La Nave de los locos (2000) con el vino “La Sagrada familia”, Saturno devorando a sus hijos (2015) con pizzas, Marcos Pérez Jiménez y el cuadro Muerte de Marat. Todo se confunde en el momento en que la imagen es "entronizada" en el "nicho" gutenbergriano​ que hará de ella un objeto de devoción laico.



[1] Garrido, Nelson. Editorial. En: http://www.nelsongarrido.com/webgarrido2/editorial/editorial.htm
[2] Cfr. Belting, Hans. “La transparencia del medio. La imagen fotográfica”. En: Antropología de la imagen. Katz Editores, Madrid, 2010, p. 265
[3] Cfr. Ranciere, Jacques. “La imagen intolerable”. En: El espectador emancipado. Ellago Ediciones, S.L. Castellón, España, 2010. p. 101

miércoles, 23 de agosto de 2017

Max Provenzano. Elucidaciones

¿Qué es elucidar? Aclarar, explicar, esclarecer. Al parecer, ese ha sido el privilegio de la ciencia por largo tiempo. El arte, en cambio, se ha ocupado de mostrar, presentar. Entonces, la ruta propuesta por Max Provenzano (Caracas, 1986) plantea un cruce epistémico entre ciencia y arte,  a partir de “la necesidad de mostrar una investigación al público y como éste puede recibirla, interactuar y hasta modificarla”

Químico y artista, Provenzano transporta procedimientos y argumentaciones de una disciplina a la otra, sin que ello signifique que una cosa pueda ser la explicación de la otra. Es decir, no son traducciones y por tanto, el cometido elucidatorio queda en manos del espectador que debe tratar con asuntos tan complejos como la luz, la materia, el cosmos, la respiración, el cuerpo y la muerte. Son asuntos primordiales que impactan lo existencial y donde las obra se presenta como un una metáfora dual; el vehículo de un dilema a la espera de respuestas.

No hay conclusiones, solo una  bitácora de registros, experimentos y mediciones. Sus trabajos se presentan entonces como "muestras de laboratorio" o como "estudios de casos".

Gran parte de los materiales que componen la muestra “Elucidaciones”  (proyectores, diapositivas, gráficos, pinturas) han sido recuperados, intercambiados o adquiridos. Igualmente hay registros videográficos y fotográficos de acciones para la cámara donde el autor interactúa con objetos y también con otras personas. De manera que todo pasa por el artista, quien recrea constantemente  su vínculo corporal, intelectual y profesional con dichos elementos. A fin de cuentas, todo conocimiento es, en primera y última instancia, un proceso de auscultación y elucidación personal.


En la intimidad, las pequeñas preguntas tienen un efecto trascendental. Allí, el orden de los átomos socava las certidumbres del mundo, el aire contenido en una esfera constelar es una vía potencial de escape, el polvo de los días es una sustancia edificante, los fluidos corporales son -en fin- la constatación de una ruta corpuscular hacia lo inteligible. Porque todo lo que acontece en el ámbito social -la entropía cotidiana, la devastación económica, el resquebrajamiento del aparato institucional- le ocurre en realidad a la persona. De eso tratan estos experimentos que Provenzano elabora y comparte con la audiencia. Ese es – en sus palabras- “el papel que juega el artista dentro de una sociedad descompuesta”.
Sobre las obras / Max Provenzano

Tabla Periódica o Cualidades Pertinentes del átomo (2011-2016): “La revisión del archivo y referentes científicos me remite a una tabla periódica encontrada en el año 2011 en la basura del laboratorio 141 de la Escuela de Química en la Facultad de ciencias de la UCV (…) Esta pieza da cierto orden sobre el caos que vivo en la incertidumbre”
¿Rayleigh, Por qué el cielo es azul? (2012-2016): La dispersión de Rayleigh es un fenómeno en el cual la luz atraviesa sólidos, fluidos o gases y es dispersada por partículas cuyas dimensiones son menores a la longitud de onda de los fotones dispersados, es el motivo de que percibamos el cielo de color azul (…) Un conjunto de diapositivas de fotografías abajo del agua me remite a este fenómeno”.
Proyección- Pieza elaborada con Diapositivas 6X6 (2016-2017): “Combinando las nociones sobre dualidad onda-partícula la luz de un proyector puede atravesar diapositivas dando lugar a la refr(A)cción de la luz, sin embargo abarcando mi propia corporalidad he preparado esta serie de 12 diapositivas con mi semen [que] dejan un vestigio, una mancha de mi vida, trazas de material orgánico encapsulado”.
Inflación (2016): “La acción de inflar un mapa o la intención de introducirme en él, es el resultado de cierta inquietud acerca de la necesidad de expandir mi propio horizonte, las nociones sobre territorio y ubicación”
Marina (Yo no sé pintar) (2016): “Marina es un paisaje que es producto de la intervención sobre un cuadro encontrado en casa, la técnica pictórica es anular la escena típica de una marina y sus atardeceres típicos de cuadros domésticos, con pintura blanca, utilizando polvo recolectado en casa y dispersándolo sobre el soporte fresco”.
Pieza del Colibrí (2017): “ (…) la pieza junto a Marina (Yo no sé pintar) sería parte del planteamiento relacionado al tiempo del deshielo y a las nociones de obra, vida y muerte”